Reflexións

Reflexións | Matar al mensajero

Por Rafael Rodríguez Villarino, secretario provincial del PSdeG-PSOE.

Habrá quien critique la oportunidad de esta reflexión cuando la tragedia obliga a cuidar víctimas del contagio y proteger trabajadores que arriesgan su salud a diario.

No obstante, debo referirme a la labor del presidente Pedro Sánchez a la vista de los verdugos que se enfundan su negra caperuza en tertulias, crónicas y espacios ocultos de casquería comunicativa.

Son los que cargan, con insidia, contra la celebración de la manifestación del 8-M en periódicos, y programas de radio y Tv, haciéndole responsable, incluso, de la asistencia al mitin de VOX en Vistalegre, mientras omiten, por ejemplo, la congregación de más de 8.000 opositores una semana antes en Silleda.

Y también se aprovechan de la crisis para usar otras vías de contagio: insuflan mensajes contaminantes a través de hooligans políticos y perfiles falsos de Facebook o Twitter, dejando las larvas de otros, los más infectos, en grupos y listas de difusión de whatsapp y semejantes. Unha auténtica pandemia desinformativa.

Frente a esto, se sitúa quién tiene la grave y profunda obligación de ponerse frente a un país para tratar de infundirle ánimos sabiendo que no hay motivos para la alegría, ni para frivolidades.

Sin engañar, ocultar o disimular la magnitud de la tragedia, anticipando que vendrán más problemas, y manteniendo la compostura.

Un presidente que vive el dolor en su propia familia, y que se expone cada día con una secuencia de fines primordiales: transmitir información fidedigna, hacernos saber que el gobierno y las instituciones siguen ahí, difundir pautas de acción y, repito, infundir ánimos.

Mientras algunos masacran una y mil veces cualquier detalle, insultando y devaluando el trabajo, no “su” trabajo, sino el de miles de personas a quienes representa, él no muestra ni un atisbo de respuesta, ni un reproche.

Claman, brazos en jarras, contra el cielo al verle en TV, acusándole de hacer “política” (ellos la confunden con la manipulación que tanto practican), denostándole mil veces, mientras imploran unidad. Dicen una cosa y la contraria, maniobrando en la confusión, sin rubor, como siempre.

El mensajero seguirá dando malas noticias unos días, y querrán matarle por “no tener una sanidad a la altura del país”. Y lo dicen aquellos que la han arruinado, esos que han dejado sólo 500 camas en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) en Madrid, o 160 en Galicia (y ahora presumen de haber generado 114 más en nuestra tierra, como si fuera el “no va más”), situándonos como el quinto país con menos cuidados intensivos de Europa. Los mismos que urgen mascarillas, mientras guardan medio millón en su despensa, y después se suben a los altares dándoselas de previsores.

Mientras, el mensajero trae algo más que mensajes: provee a la nación de recursos con transparencia y equidad. Durante esta pandemia de proporciones bíblicas su misión es servirnos de guía, y todos nos beneficiaremos de ello, incluso aquellos que quieren derramar su sangre. Eso es lo que importa: disponer de un gobernante humano, comprometido, diligente, que afronta el miedo con decisión y trabaja por el bien común, mientras otros se afanan por arrastrarlo al cadalso.